En este hueco tenía publicidad, y me la han quitado por marrano.

sábado 26 de marzo de 2011

RUBÉN (LXIII)

Habían pasado diez horas y en el interior de la caseta ya sólo había una cosa que se pudiera imponer sobre la anarquía de los hechos: la tiranía de la sinrazón.

Con los golpes sin forma sucediéndose todavía desde todas partes Michael/Cuatro/Perro Pachón y Eva, con las voluntades ya completamente desmembradas, luchaban ahora por intentar salir al exterior bajo cualquier precio a fin de conseguir, como fuera, un mínimo del combustible que les exigían sus intoxicados cuerpos. Y, sorprendentemte, la única persona que impedía a aquellas alturas que nadie entrara o saliera de allí no era otra que Christoph/Seis Contrafóbico/Punki.

O, mejor dicho, Christoph/Seis Fóbico/Punki.

¿Y por qué ahora Christoph/Seis Fóbico/Punki? ¿Qué podía haber sucedido en las últimas horas para que el joven Christoph, que desde que llegaran a Atalaya del Puerco viviera y sinviviera por y para enfrentarse de forma agresiva a sus miedos, ahora, derrotado completamente por ellos, estuviera dispuesto a todo por no encontrarse frente al fantasma al que tanto y tanto había esperado?

Si Boris/Uno/Terrier hubiera estado allí las dudas de sus compañeros se habrían visto despejadas en lo que éste hubiera tardado en explicárselo con claridad y detenimiento.

Pero como Boris/Uno/Terrier se hallaba ocupado en la que era la primera jornada de su nuevo empleo se quedaron sin saber que, si el comportamiento de Christoph se había modificado de manera tan radical era porque con el seis de carácter mixto, al ser de naturaleza cambiante y arbitraria (y más en su estado compulsivo) basta con un pequeño detalle (pequeño a los ojos de los demás, claro) para que su sujeto, rara vez dueño de sus decisiones, vuelque todo el peso de su tormento en una u otra dirección, al capricho y sin que se pueda predecir el tiempo que ello dure.

¿Y cuál pudo ser el suceso que cambiase de tan tajante manera el rumbo vital de Christoph? ¿Tal vez el haber visto la sangre de cerca, e incluso haberla visto chorrear contra su cara cuando descalabró al yonqui del techo? ¿O quizás, más que un acto, sería lo desesperado de una situación en la que se había convertido en el único con la cordura suficiente para impedir que aquella noche desembocase en una sangría de dimensiones astrales? Sobre esta duda, ni el mismo Boris/Uno/Terrier podría echar luz con plenas garantías jamás (aunque, sin duda, no se habría abstenido de opinar).

- ¡Christoph! ¡No nos seas hijo de perra y déjanos salir fuera!

- Por encima de mi cadáver. Al primero que se acerque le suelto un cantazo que lo dejo mirando las estrellas. ¿Es que no os habéis fijado en el bidón lleno de piedras que tengo aquí a mi vera?

- ¡Venga, hostias! ¡No seas así!

- Que no, cojones, que lo que no puede ser no puede ser. ¿A que no, Ralph?

- Eso –dijo Ralph/Tres/Pavo Real-. ¡Que se jodan, por yonquis!

- ¡Lo ha vuelto a decir! ¡Lo ha vuelto a decir!

- Ni se te ocurra acercarte a él, Michael. Si no, ya sabes lo que te toca.

- ¡Pero es que lo dice sólo por joderme!

Con una enorme sonrisa de suficiencia Ralph se levantó y se acercó a la despensa, a por otra garrafa de vino. Si es que aquellos yoncarras eran la leche… ¡por una jeringuilla eran capaces de matar, si hacía falta!
Un somero vistazo a la despensa sobró para trocar su sonrisa en un patético visaje de desesperación.

- ¡El vino! ¿Dónde coño está el vino? –gritó.

- Ah, pues no sé -respondió Eva-. Se habrá acabado.

- ¿Acabado? ¿Acabado? ¡Aaaaaah! ¡Christoph! ¡Christoph, me cago en Dios! ¡O me dejas salir, o te mato!