Cuando Lili aparcó el coche a unos doscientos metros de la antigua fábrica de galletas ya era prácticamente de noche. Todavía faltaba una hora para su cita con el señor Dreher.
Encendió un cigarrillo, bajó del coche y caminó hasta el maletero. De allí sacó un enorme monigote hecho a base de pegotes de papel que, en posición sediente y en la oscuridad, debía aparentar a Eva Cuatro amordazada en el sillón del copiloto. Lo colocó en su sitio y ella, en el suyo, siguió fumando tranquilamente. Tuvo suerte: cinco minutos después, un coche aparcaba junto a la fábrica de galletas. El tiempo parecía empeñarse en ir más rápido de lo normal. Pero ella seguía yendo por delante: eso estaba bien.
Lili tiró el cigarrillo por la ventana y, antes de poner el coche en marcha, se palpó para asegurarse de que llevaba la pistola dentro de la chaqueta; eso no estaba muy bien, pero no había otro remedio.
- ¿Verdad, Eva? –le preguntó al muñeco.
martes 29 de marzo de 2011
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